viernes, 1 de febrero de 2013

Reseña de "Heaven", de Depeche Mode

No es algo común en mí dedicarme a elaborar reseñas de sencillos o canciones de nadie; sin embargo, por alguna razón muy extraña y no necesariamente positiva, he decidido preparar una en la que vuelque todo lo que esta nueva entrega me hace pensar.

Para lograr comprender lo que pienso acerca de Heaven, es preciso tener cierto sentido de perspectiva histórica. Yo no era fanático de Depeche Mode durante su buena época (entiéndase: mientras Alan Wilder era parte del grupo), sino que fui convertido a la devoción gracias al primer sencillo de un disco que en la actualidad es vilipendiado hasta el hartazgo, que recibe acusaciones que considero injustas y totalmente exageradas. Le llaman un disco aburrido, sin música, totalmente olvidable. Sí, el Exciter. Para ser más específico, Dream on fue la canción que me hizo detenerme a pensar en que tal vez la música que imaginaba en mi cabeza de adolescente alienado y curioso sí existía, y estaba realizada en la forma de esa pequeña joya electrónica y acústica del famoso Can you feel a little love? Jamás olvidaré la curiosidad mórbida que dicho tema generó en mí: esperaba el momento en que MTV la volviera a pasar, solo para disfrutarla, para ser envuelto y perderme dentro del paisaje sónico tan moderno y a la vez tan único que la canción ofrecía. Podría acusárseme de entusiasmo adolescente, pero esa sensación sigue invadiéndome cada vez que la escucho.

Lo que ocurrió posteriormente fue, evidentemente, mi progresiva familiarización con todo lo que ofrecía Depeche Mode y que podía escuchar, considerando las limitaciones tecnológicas del año 2001 y la imposibilidad de disponer de mucho dinero para comprar discos, ni siquiera los piratas. El interés lo perdí un poco después del lanzamiento como sencillo de la insulsa y peyorativa remezcla de Enjoy the silence de ese sujeto llamado Mike Shinoda. No obstante, poco tiempo después escuché en Radio Doble Nueve "lo nuevo de Depeche Mode". Era una canción que ni bien empezó me cautivó, me envolvió, me aprisionó y me enamoró repetidas veces durante poco más de cuatro minutos. Era Precious. Jamás pensé que alguna vez sintiera semejante emoción por una canción nueva de Depeche Mode; era increíble, no pude contener las lágrimas de emoción y de júbilo por tener algo nuevo que esperar. Si bien Playing the Angel no fue el álbum que esperaba, por lo menos la emoción y la piel de gallina que venían con cada canción eran prueba fehaciente de que mi devoción seguía en aumento.

Pasaron los años, y luego de mucho tiempo se anunció que saldría un nuevo disco... con el mismo productor, Ben Hillier. Consideré que si él había logrado que Depeche Mode asimilara su propia identidad musical, el resultado sería bastante convincente. Se hablaba de un nuevo single, la tecnología nos traía actualizaciones de manera regular: la expectativa estaba ya generada y todo hacía presagiar que la cosa era seria y que tendríamos material para deleitarnos. Y llegó el estreno de Wrong en una premiación alemana. Vaya experiencia: la canción era corta pero efectiva, con muchos blips y ruiditos que me parecieron increíblemente buenos, con una atmósfera de breve creación pero extremadamente oscura. En suma, todo parecía bien. La piel de gallina fue inmediata, pero no quiso irse sino hasta la repetición número 28 de la canción que hice en mi reproductor de MP3. Lo que ocurrió luego, para resumir, fue esto: una emoción que poco a poco se volvió desilusión.

Ahora que tanto tiempo ha pasado, supuse que después de tanta preparación y pese a una deplorable promoción de lo nuevo de Depeche Mode (fechas de salida internacional totalmente esparcidas, falta de claridad sobre los formatos de lanzamiento), tal vez tendríamos algo que disfrutar. Quería creer que mi piel volvería a sentir aquel impulso a sobrecogerse, a enervarse y a decirme que mi dosis de suspenso estaría lista en poco tiempo. Y llegó Heaven. Filtrada y esparcida por la red en cuestión de minutos, no pude ser ajeno ante semejante acontecimiento. Pese a este aparente entusiasmo, debo admitir que también estaba preparado para lo peor: para una canción sosa, sin melodías, con ruidos sin sentido y con el toque Hillier que, al contrario del toque Wilder, arruina las canciones por simplemente carecer de cualquier elemento que se pueda considerar "identidad". El entusiasmo y el pesimismo, por ende, se mezclaban en mí momentos antes de escuchar el primer corte. Los pequeños avances no auguraban nada bueno. Era una frustración anticipada, que en realidad escondía un optimismo propio del fanático.

Empieza la canción con una batería totalmente genérica, marca de agua de Hillier como productor, que se repetirá en toda la canción. El piano que da la melodía a la canción es interesante, pero inexplicablemente no cala en mi ser. Unas letras que suenan muy cargadas de emociones, al estilo puro de Martin L. Gore. Por su parte, Dave Gahan hace bien su trabajo dotándolas de ese sufrimiento único que destila su voz cuando canta temas desgarradores; no obstante, el estilo general de la canción suena demasiado a su trabajo con Soulsavers, que en mi honesta y personal opinión, no da la talla. Lamentablemente, el efecto electrónico abstracto que aparece en 01:37 arruina el heaven que corona la canción. Es realmente espantoso, le quita profundidad al estribillo (pues no existe un coro propiamente dicho: funcionó con Wrong pero aquí no añade mucho) y lo hace ahogarse en un mar de sobreproducción que, como es evidente, también destruye el final "épico" de la canción al incrementar sobremanera su volumen. Me parece que Flood debería haberse dado cuenta de que ese ruido está fuera de lugar, que mata a la canción en sus elementos críticos. Por otro lado, la armonía de Martin es bastante buena y hace justicia a la atmósfera deprimente de la canción (ojo: que sea deprimente no quiere decir que sea mala); es bueno saber que en las últimas entregas del grupo, Martin ha sabido juntar su voz a la de Dave para que el elemento vocal no pierda fuerza, más aun cuando se trata de ejecutar en directo.

En suma, Heaven es una canción con una estructura sencilla y bastante bien ejecutada. Tiene un lugar dentro de la discografía "adulta" de Depeche Mode; sin embargo, considero personalmente que es un suicidio comercial al ser lanzada como sencillo y, peor aun, como sencillo anticipatorio del disco. Es cierto, es mucho mejor que el promedio de canciones del Sounds of the Universe y mucho mejor que algunas de Exciter o Playing the Angel, pero no llega ni a los talones de otros primeros sencillos como Precious o Dream on. No cala, no me pone la piel de gallina ni me hace repetirla 25 veces para saber si lo que escucho es cierto. Su beat es demasiado débil, no tiene la fuerza que necesita para poner a Depeche Mode nuevamente en el mapa de la música electrónica actual. Lo triste es que el lado B, All that's mine, es bastante "Depeche" y en general pasable, lo cual mantiene la feliz tradición de buenos lados B de la banda. El lado A necesitaba ser remezclado de manera dramática para lanzarse una famosa Single Version que llame mucho la atención; curiosamente, la remezcla de Owlle tiene varios de los ingredientes que hubieran sido necesarios para dicha versión de sencillo. Si el producto que conocemos llega a la lista del Top 20 británico, me sorprendería demasiado porque dista muchísimo de lo que se espera de un sencillo. Todo esto no hace sino generar una gran preocupación en mí: ¿cómo será el disco completo? ¿Será tan bueno como Dave y Martin nos están tratando de hacer creer? Lo único cierto aquí es que la carta de presentación no ha superado la prueba de un fan que conoció los años de declive y no quiere que la tendencia siga siendo negativa.

En dos oraciones: Heaven me agrada únicamente porque es de Depeche Mode. Si fuera de un grupo desconocido, la ignoraría por completo.