lunes, 28 de febrero de 2011

Porque nadie lee este blog, parte 3

El mensaje, como no podía ser de otra manera, era la confirmación de que Alejandra había aceptado la invitación de amistad de Alberto.

Todo ocurría tal como estaba previsto. Aun así, nuestro héroe no podía creerlo, y empezó a sudar frío. De ahora en adelante, tendría que afinar su estrategia con el fin de conquistar a Alejandra y hacerla suya por completo. No era simplemente besarla, sino poseerla, controlarla, hacer que su existencia dependa de él y que lo considere un dios.

Pasaron varios días en los que Alberto no se conectó a internet pues existían problemas en la zona donde vivía, una sucesión de casas que asustaría a cualquier arquitecto que se precie. Le contaba a sus amigos de la proeza, mientras que ellos sonreían de manera irónica, como quien quiere decir "qué gracioso, tanto como los chistes de mi abuela".

Hasta que un día ocurrió lo que debía ocurrir. Ambos coincidieron en línea, e iniciaron una conversación poco productiva o edificante sobre el foro de Coldplay y no sé qué canción -creo que era "Don´t panic"- hasta que dicha conversación se tornó más personal; sin ser demasiado evidente, Alberto logró averiguar que Alejandra no tenía enamorado pero estaba secretamente suspirando por su mejor amigo, con el que había vivido experiencias por demás únicas, desde conciertos hasta sesiones de llanto y rabia típicas en los jovencitos incomprendidos y raros. También averiguó sus canciones favoritas, algunas de sus fobias (entre ellas a las alturas y a los gatos) y el nombre de su hermana mayor.

Alberto se dio cuenta de que la conversación se había extendido hasta la medianoche, así que decidió que era suficiente, y se despidió. Una vez tendido sobre su cama, recordó las fotos del perfil de Alejandra -en particular aquella en la que aparecía con un traje de baño rojo- y su mano discretamente se deslizó para activar el aparejo del placer. El placer y gozo por su éxito le hicieron gemir.

CONTINUARÁ

lunes, 7 de febrero de 2011

Porque nadie lee este blog, parte 2

(Hecho al ritmo de The Smiths)

La anglofilia, de hecho, fue la que ayudó al patético Alberto a conocer y conquistar a su amada posible e imperfecta. Su decisión de realizar una exhaustiva inspección de todo lo que su insulsa red social podía ofrecerle le puso en bandeja a Alejandra. En el foro de Coldplay, ella colocó un fervoroso mensaje diciendo que se casaría con cualquiera que la agasajara cual Chris Martin cada mañana, con el mismo acento inclusive. Alberto leyó el mensaje y sudó frío. Sabía que Alejandra era la mujer con la que debía estar.

El siguiente paso era desarrollar la estrategia. Alberto se dedicó casi exclusivamente a pensar cómo haría para entablar una relación con una desconocida y finalmente encontrar cierto sentido a ese mar de lágrimas que su vida había sido hasta ese entonces. Días y noches pensaba, armaba diagramas de flujo y se masturbaba pensando en cómo sería tocar a Alejandra, cómo sería tomar su mentón de peculiar forma y besarla, olvidando la basura de mundo en el que le tocó vivir. Soñaba despierto y eso le valía carcajadas en su grupo de amigos perdedores, que no creían que por fin ese intelectualoide estuviera enamorado... de alguien que nunca lo había visto.

Hasta que llegó el día. Un 28 de julio se animó a comentar uno de sus mensajes en el foro de Coldplay: "Qué bonito que te guste el mejor grupo del mundo. Se nota que eres muy inteligente :)"

Alejandra leyó el mensaje, y le pareció extremadamente patético. Sin embargo, le contestó amablemente. A las pocas horas, recibió una solicitud de amistad de Alberto, pero ella no la pudo responder pues tenía que salir con su madre. El pobre muchacho no pudo dormir esa noche, pensando en que tal vez Alejandra no estaba interesada en hablarle.

Sin embargo, al día siguiente, alrededor del mediodía, sonó su alarma de correo. Provenía de Facebook.

CONTINUARÁ.