Aquellos días que ya han terminado me han dejado huellas imborrables en el alma. A veces estoy muy seguro de que en el momento de mi muerte, regresarán y me atormentarán incluso más que ahora.
Quisiera ser estúpido, pues al ejercer mi inteligencia cuestioné lo incuestionable.
Quisiera ser estúpido, porque quien cuestiona y piensa tiende a ser pisoteado por aquellos con excremento en el cerebro.
Quisiera ser estúpido, porque ser estúpido es casi sinónimo de ser conformista. Los estúpidos ambiciosos son, por lo general, políticos. Si me hubiera conformado con poco, tal vez habría estado más satisfecho.
Quisiera ser estúpido, porque mi vida simplemente seguiría el orden de mis impulsos animales y mi objetivo sería realizar mis necesidades vitales. No habría espacio para reflexión.
...
Ahora creo que no estoy de acuerdo. Pensé demasiado. No quisiera ser estúpido.
domingo, 16 de febrero de 2014
domingo, 9 de febrero de 2014
There by the grace of God
Anoche iba a casa y, como no sabía dónde quedaba, me perdí.
Seguí el camino de todas las noches, entre aromas
predecibles e impredecibles, con el sonido de siempre en mis auriculares, muy
seguro de conocer mi rumbo e incluso el tiempo que me tomaría llegar. Sin
embargo, poco a poco percibía que me alejaba de mi rumbo y que no podía hacer
nada para evitarlo.
Las calles se veían más anchas, más largas y menos
conocidas; las gentes, menos familiares y más hostiles. La prisa se convirtió
en mi peor enemiga, pues la hora retrocedía y pese a ello me sentía más viejo,
más cercano a la muerte.
Aparentemente no tenía opción, o tal vez no quería sentir
que tenía una. Me detuve frente a un jardín muy bien cuidado y me senté sobre
el pasto. No tengo muy claro por qué lo hice, pero inmediatamente después,
invadió mi mente un recuerdo de épocas ya idas y nada gozosas. Los rostros, los
gestos y los nombres tomaron posesión de mi recuerdo.
Dormí.
Los golpes de un viejo blanco y rabioso me despertaron pocas horas después, y no tuve más remedio
que huír.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)