domingo, 9 de febrero de 2014

There by the grace of God



Anoche iba a casa y, como no sabía dónde quedaba, me perdí.

Seguí el camino de todas las noches, entre aromas predecibles e impredecibles, con el sonido de siempre en mis auriculares, muy seguro de conocer mi rumbo e incluso el tiempo que me tomaría llegar. Sin embargo, poco a poco percibía que me alejaba de mi rumbo y que no podía hacer nada para evitarlo.

Las calles se veían más anchas, más largas y menos conocidas; las gentes, menos familiares y más hostiles. La prisa se convirtió en mi peor enemiga, pues la hora retrocedía y pese a ello me sentía más viejo, más cercano a la muerte.

Aparentemente no tenía opción, o tal vez no quería sentir que tenía una. Me detuve frente a un jardín muy bien cuidado y me senté sobre el pasto. No tengo muy claro por qué lo hice, pero inmediatamente después, invadió mi mente un recuerdo de épocas ya idas y nada gozosas. Los rostros, los gestos y los nombres tomaron posesión de mi recuerdo.

Dormí.

Los golpes de un viejo blanco y rabioso me despertaron pocas horas después, y no tuve más remedio que huír.

No hay comentarios:

Publicar un comentario