martes, 28 de diciembre de 2010

Forbidden Love

Alguien a quien conocí hace varios años me relató una experiencia que desató en mí un dilema moral que, debo confesarlo, aún mantengo vivo.

Digamos que esta persona se llamaba Pablo. El tenía a la chica más encantadora del mundo, cuyo comportamiento siempre había sido increíblemente tierno y paciente con él. Muchas personas desconfiaban de su relación por el simple hecho de que Olga (digamos que así se llamaba la chica) era 3 años mayor que él y la diferencia socioeconómica, sin ser extremadamente obvia, se hacía notar. Sin embargo, ambos eran adultos y no creo haber conocido una pareja de mejor humor entre mis conocidos.

Pues bien, Pablo era bastante extrovertido y le gustaba salir con amigos, aparte de Olga. Ella lo tomaba muy bien porque hacía lo mismo. Ninguno había propasado los límites con nadie. En otras palabras, no se habían engañado. Sin embargo, una noche que si no recuerdo mal fue cercana al año nuevo, Pablo experimentó algo que lo aturde hasta hoy, estoy seguro.

Pablo había tenido hacía varios años un romance poco duradero con cierta chica de su promoción de colegio. Ese romance no terminó, pues ellos simplemente se dejaron de ver y comunicar. Dado que Pablo terminó en el año 1995, imagino que no habrá hecho ningún esfuerzo por encontrar a su chica (Facebook no era ni siquiera una idea en desarrollo). Ella aparentemente tampoco tuvo interés alguno. Y ocurrió algo increíble: en una de las fiestas, como invitada de otro amigo, apareció la chica, que para entonces, según Pablo, había "tomado forma" (imagínese el lector lo que quiera) y a mi amigo le pareció bastante atractiva.

Durante la fiesta, ambos conversaron amenamente y recordaron los viejos tiempos de la escuela, la gente que dejaron atrás y las experiencias que siguieron con ellos. Luciana (llamemos así a la chica) había vivido en el extranjero con un tipo y se había regresado porque no se sentía segura ni querida. Pablo le contó a Luciana sobre sus planes con Olga: estaban planificando casarse en 2008 (para ese entonces, el año siguiente). A medida que la conversación se hacía muy fluida, Pablo cayó en la cuenta de que por alguna extraña y maldita razón aún sentía algo por Luciana, y si bien lo disimuló con maestría actoral, se sabe bien que una mujer puede leer sentimientos varoniles como en un libro abierto.

Pablo y Luciana, finalmente, quedaron en seguir en contacto y verse para seguir la conversación que ya habían comenzado. Es en ese entonces cuando Pablo, en sus palabras, "no tenía la menor idea de por qué le daba aire a la cosa, cuando debía enterrarla para siempre". Trató de racionalizar la situación, algo difícil cuando se es juez y parte, y se daba cuenta de que a medida que pasaba el tiempo, más sentía por ella; o mas bien, más recordaba que sentía por ella. Incluso me contó el tema, y me quedé mudo como nunca: es un tema complicado.

Ahí es donde mi reflexión se pierde: ¿Es posible que un ser humano guarde sentimientos de un mismo calibre por personas diferentes? Alguien me dijo que cuando eso ocurre, ninguna de esas personas es realmente querida. Discrepo, pero no encuentro un argumento válido para justificar mi postura. Tal vez será que la naturaleza humana no es tan humana al fin y al cabo, y nuestro instinto de atracción hacia otros seres es tan grande que no sabemos dosificar o exclusivizar nuestra "máscara" que es el sentimiento. O bien, ciertas inseguridades nos impiden asumir un compromiso personal con alguien y buscamos una salida fácil.

No comprendo esta cuestión, y si bien no me preocupa dilucidarla, es simplemente algo que llama mi atención.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Cuento alegórico de Navidad

Ignacio y su hermana Marcela vivían solos en un pequeño departamento en la capital. Eran mellizos de 15 años, y huérfanos desde los 10, cuando sus padres murieron víctimas de un asalto armado. Salieron adelante gracias a los esfuerzos de sus abuelos paternos, que habían recientemente fallecido. Los maternos no existían. Los tíos algunas veces los acompañaban.

Su vida transcurría con normalidad, asistían al colegio y tenían notas dentro del promedio. Nunca incurrían en actos de indisciplina y tenían amigos con los que pasaban la mayor parte del tiempo libre. Sus profesores y demás conocidos sabían que ambos mellizos eran muy cercanos, se apoyaban siempre que podían y uno era el confidente del otro.

La navidad era, sin embargo, una época muy difícil del año para ellos. Cada vez que estaban solos en casa y se acercaba la noche del 24 de diciembre, les costaba dirigirse la palabra. Existía algo en el ambiente navideño que lograba retraerlos y deprimirlos al punto de dejarlos sin diálogo ni bromas ni ademanes chistosos. Sin duda, el recuerdo de las navidades pasadas era imborrable, y a su corta edad tal vez no habían encontrado la receta que lograra curarles el dolor por la pérdida de sus padres.

Ese año fue muy diferente. El día 24, los primos Alex y Octavio, un poco mayores que ellos, vinieron a la casa a pasar un rato con los mellizos, quienes aceptaron de buena gana que alguien más esté con ellos. Además, los primos compartían un gusto desmedido por el PlayStation, lo cual sería buena excusa para jugar un rato y distraerse de los pensamientos depresivos navideños.

Así pues, empezaron a jugar con el PlayStation. Igualmente, dado que los primos estaban ya acostumbrados a beber, habían llevado algo de licor a la casa, y sirvieron generosamente a sus anfitriones. Al poco rato, los cuatro jovencitos estaban ebrios y muy risueños. De pronto, Octavio entró a la cocina, luego de un par de minutos, entró al baño raudamente sosteniendo algo entre manos. Cerró la puerta, pero nadie le hacía caso.

Pasaron varios minutos, casi 20, y los 3 jóvenes jugaban y reían de sus errores ciertamente provocados por la pérdida de equilibrio y de enfoque. Octavio no salía del baño, y al fin Marcela se dio cuenta, y expresó su preocupación ante esta situación. Fue a llamar al baño, y nadie respondía. Presa del pánico, gritó y golpeó la puerta. Su hermano y su primo la trataron de calmar. En definitiva, había algo muy raro en todo esto. Ignacio fue a buscar las llaves del baño, y abrió la puerta.

Marcela se desmayó al ver la escena. Octavio yacía muerto en el piso del baño, con el cuchillo incrustado en su estómago. La sangre estaba aún fresca, y cubría las dos terceras partes del piso. El cadáver aún no mostraba los signos usuales de la muerte. Los otros dos intentaron sacar el cuchillo, le tomaron el pulso, trataron de revivirlo, pero en vano. La cantidad de sangre que había salido era increíblemente alta, incompatible con la vida.

Llamaron a la ambulancia, y vino también la policía. Los tres muchachos estaban llorando, no podían creer lo que había pasado. Luego, Alex dijo, con una voz entrecortada por el llanto:

-Me estoy muriendo.

En seguida, puso los ojos en blanco y se desvaneció.

Los dos hermanos se miraron, sonrieron y se besaron.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Juanito

Juanito nació en una época que nadie que lo conoce vivió. En un principio sus padres se esforzaron por darle la educación que merecía y cubrir sus necesidades básicas. A medida que crecía, Juanito se hacía conocido por ser un niño brillante y muy comprometido con los suyos: los amaba realmente y hacía lo que sea por complacerlos.

Cuando Juanito empezó la adolescencia, mucho cambió en su vida. Empezó a conocer el mundo y sus vicios. Además, sus padres se divorciaron, y el afán desmedido de su madre (con quien se quedó) por obtener el mayor provecho económico del padre logró que Juanito sufriera la transformación más terrible que puede ocurrir en un ser humano: se volvió materialista.

Así pues, nuestro amigo plasmó su rebeldía de manera extraordinaria. Por ejemplo, empezó a aprender pequeños oficios y a enseñarlos a otros, con la finalidad de que le pagaran por sus servicios. Poco a poco se fue haciendo muy conocido por difundir la cultura y las habilidades aprendidas. No era un buen maestro, pero cobraba bien.

En sus primeros años de adultez, Juanito ya había obtenido una cantidad de dinero suficiente para que se procure ciertas cosas. Siguió aprendiendo y su capacidad intelectual se incrementó considerablemente, aunque también su ansia de dinero y poder. Desafortunadamente para él y para el mundo, se volvió empresario.

Cuando esto ocurrió, la gente que alguna vez lo había admirado se sintió muy confundida, pues nunca habían creído que alguien tan amable y preocupado se haya vuelto una bestia sin corazón. Asimismo, la vida de Juanito se volvió una constante preocupación por las matemáticas y las finanzas. Si no había un margen de ganancia, o una utilidad marginal apreciable en sus acciones y decisiones, éstas no tenían sentido. A las personas que lo frecuentaron, él terminó por decirles lo que realmente pensaba de ellas. Las asesinó con sus palabras, por decir lo menos.

Juanito ha crecido mucho, pero su ser interior está muerto. Aquello que se encuentra muy estable tiende a la desestabilización; por otro lado, todo lo que es demasiado inestable sufre transformaciones que generan equivalencia. Por eso mismo, Juanito está en este momento al borde de un despeñadero, mirando. Sin embargo, no sabe que detrás de él están todos los que lo odian, y que lo empujarán ni bien él voltee.

martes, 14 de diciembre de 2010

Los seres humanos y sus relaciones

Hace 13 años, cuando usé la internet por primera vez, mi mente adolescente llena de angustias y lujurias del cerebro hacia adentro nunca podría haber imaginado cómo la red podría evolucionar al punto de redefinir nuestras relaciones con aquellos que nos rodean.

Mis reflexiones no siguen un orden lógico particular, pero no puedo ocultar mi asombro ante situaciones como las que ocurren ahora:

Cuando la gente emplea Facebook, tiene la oportunidad de colocar a sus familiares, amigos e indicar su estado marital o de relación. Muy similar a la realidad, ¿cierto? Uno organiza sus conocidos dentro de un grupo. Sin embargo, tenemos el hecho de que agregamos a personas que apenas conocemos, y les damos el privilegio de conocer qué hacemos, cuáles son los movimientos de nuestra vida privada y demás. Y nos gusta.

Tenemos personas que, por costumbre o por cercanía circunstancial, consideramos como muy próximos a nosotros y los etiquetamos como "hermanos". ¿Y qué ocurre si mi "hermano" me quita a mi novia, o a mi verdadera hermana? Seguirá siendo mi hermano, creo, ¿o no? Me parece chistoso pero no por ello menos ridículo. Y nos gusta.

Por último, las relaciones de pareja. ¡Cómo ignorarlas! A veces hurgo entre mis "amigos" para descubrir cómo llevan sus relaciones. Hoy descubrí que dos personas están "solteras" y sus parejas sí han marcado la opción "En una relación". ¿No debería haber algún tipo de política de parejas al respecto? Personalmente me parecería una burla el que ambos estuviéramos en ambos conjuntos disjuntos. No he publicitado nunca los movimientos de mi corazón ni he querido nunca que cuando cambie mi "estado", reciba las felicitaciones de mis "amigos" o el ya famoso "¿Qué pasó?" (traducción: bien hecho, ahora quédate solo, imbécil).

Aquella de quienes importa ya la recibí, en su momento, en persona. Y eso sí ME GUSTA.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Canción ideal

Siempre he pensado qué elementos deberían existir en mi canción ideal, y son muchos y variados. Dependen del día.

Quiero que mi canción ideal de hoy tenga:
- La batería de "Heart of glass" (Blondie).
- Una letra rara como las de Soda Stereo en la década de 1990.
- Los sintetizadores de "Apollo" (Alphaville).
- Una guitarra agresiva pero en texturas, como la de "Heroin" (Suede).
- Una atmósfera perturbadora, a lo "Walk on the wild side" (Lou Reed).

Y ruidos abstractos cortesía de Alan Wilder.

Cambio y fuera.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Paranoia

Me voy a comprar un sándwich y una mujer me pide dinero, y hace lo mismo con todos los parroquianos de la esquina donde compro. Luego, instintivamente, tomo mi sándwich y me voy rápido. Ahora estoy en casa, y me siento a salvo.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Concierto Nitzer Ebb

Mientras veía a los estúpidos que iniciaban los empujones y la agresividad, me pregunté si esta gente se sentiría cómoda en una cárcel. No creo que los empujones les ayuden a evitar su inminente "neutralización".

lunes, 2 de agosto de 2010

Otro nuevo inicio

Esta es una nueva oportunidad en la que inicio un blog, esperando siempre que el hábito de escribir no muera debido a la desidia que generalmente me ocasiona la idea de tener que representar en texto escrito aquello que quiero decir a viva voz.

Prometo regresar a menudo y escribir.