Oh no, forbidden fruit appeared.
Leaving and ignoring you was not successful;
essentially they reinforced the craving.
Not only does it hurt, but it confuses.
Knowing you so little is the coup de grâce.
again I will rest my case.
Basic instinct is not what drives this mind;
emotion and guilt do instead.
Moments of isolation contemplating the fruit
yet no time for a decision.
Lie with me, forget about morality.
...
...
...
...
lunes, 23 de diciembre de 2013
miércoles, 17 de julio de 2013
Aladdin Sane (2008)
Te vi nuevamente, amigo mío. Afortunadamente no te percataste de mi presencia; creo que después de todos estos años aún mantengo mi capacidad de pasar inadvertido por en frente de cualquiera. No sé si a esta edad eso sea algo que deba alegrarme o preocuparme. En fin, advertí que en tu rostro se dibujaba una sonrisa bastante misteriosa, extremadamente inusual y hasta cierto punto atemorizante.
Decidí seguirte, averiguar el motivo de tu sonrisa sin que te enteraras que andaba detrás de ti. Un pequeño temblor de mis brazos auguraba una nueva emoción, como aquella que me invadió cuando decidimos recorrer juntos el país para "generar destrozos" que no pasaron, lamentablemente, de ser detenidos por la policía un par de veces por "alterar el orden público", lo que en realidad se traducía en beber alcohol en la Plaza de Armas. Ahora que lo recuerdo, nunca supimos si Lucy, la chica con la que te acostaste en aquel pueblito pobre donde nos indigestamos, quedó embarazada a partir de tu gran imprudencia. Tampoco supimos si es que alguna vez encontraron el cadáver de aquel hombre al que buscaban desesperadamente en otro pueblo de las alturas. Sí, aquel hombre que podríamos jurar vino hacia nosotros un día pidiendo que le regalemos la hierba que según él teníamos en las mochilas. Y así, recuerdo tras recuerdo, seguí planificando mi tardía travesura.
La emoción de saber en qué andabas después de todos estos años, sin que te dieras cuenta, fue demasiado para mi ya débil corazón. Unas palpitaciones me avisaron que no debía tomarme esto demasiado en serio. Pero algo regresó en mí: ese sentimiento de "nadie me espera". Porque sabes muy bien que nadie me espera en casa desde que Rosa y los niños murieran en aquel maldito accidente de avión que hasta ahora me provoca grandes llantos durante la noche. Ni los perros aguantaron la pena porque se escaparon a los dos meses. Ahora, nadie sabía que estaba a punto de encontrar la causa de una sonrisa que en realidad podría llevarme al mismo infierno en cuestión de segundos. Sin embargo, decidí tomar el riesgo. Oh, bueno, tal vez con una pequeña concesión: te lo haría saber en algún momento. Porque no sabes cuánto desearía repetir esas sesiones de conversación maligna rodeada de bebidas espirituosas y sustancias químicas prohibidas.
De esta manera, decidí ir tras tus pasos. Vi que tu ruta era bastante fácil de recordar: tres cuadras de frente, tres cuadras hacia la derecha. Abriste la puerta de un edificio, saludaste de manera cordial al portero y te alejaste en el oscuro pasillo. Aún recuerdo tu figura desapareciendo en la penumbra, como si estuvieras yendo a otro mundo, a una dimensión que desafortunadamente no conozco. Esperé varios minutos hasta que todo estuviera muy silencioso para dirigirme al portero.
El señor tendría unos sesenta años, tenía un aspecto sereno en el rostro, como si no tuviera mayores preocupaciones. Estaba sentado sobre una silla de escritorio, con los pies cruzados y las manos sobre los muslos, haciendo un ligero frotamiento perfectamente explicable por la estación del año. Su chompa de color verde había en definitiva conocido mejores épocas; su pantalón gris y sus zapatos negros completaban esa apariencia de señor respetable que, como bien comprendería en ese instante, iba perfectamente a la par con su comportamiento. Cuando me dirigí a él, no tuvo reparos en darme la información que necesitaba. Me dijo que vivías con tu esposa Sara (nunca la conocí así que fue toda una novedad) pero que no tenían hijos y que ella estaba en una silla de ruedas. El señor, amable y muy chismoso él, me confió que algunas veces los había oido discutir sobre errores del pasado... ¡qué terrible error! En suma, pude enterarme de todo sobre este invierno de tu vida que lamentablemente ya no compartiste conmigo ni con los amigos de la panda. Todos se fueron muriendo sin saber de ti. En mi mente existía la determinación de cerrar este círculo encontrándote y confiándote mi gran soledad y mi gran deseo de tomarme un par de tragos con mi compinche.
Una vez obtenida la información necesaria, regresé a casa. Te haría una visita sorpresa. Me preparé adecuadamente: busqué en mis cajas algunos papeles, fotos, recortes periodísticos y aquellos discos de vinilo que sobrevivieron a tantas malas épocas. Mientras repasaba todos los contenidos de mi vida que iba a mostrarte, que iba a compartir contigo para que nuestra amistad se actualizara, mi mente empezó a divagar; los recuerdos llegaron a lo más hondo de mi corazón; el pesar me invadió cual miasma que me enfermó y me envejeció tanto... Las piernas temblaban, mis ojos se empañaban sin querer, una sensación de vacío en mi interior se hacía cada vez menos controlable. Probablemente en esa caja estaba la esencia de mi edad, de mi sentimiento de culpa y tal vez todo esto no era más que un deseo de redimirme y perdonarme por todo aquello que vi como un mundo paralelo sin saber que era más que un background, sino que también se trataba de mí mismo. Los lugares que no visité, las personas a las que no frecuenté, esos amores furtivos que no recibieron mayores palabras de mi parte... incluso las comidas que nunca probé pero que mis entrañas ya libres de cáncer no podrían recibir.
Súbitamente concluí que esto tal vez sí valdría la pena.
Decidí seguirte, averiguar el motivo de tu sonrisa sin que te enteraras que andaba detrás de ti. Un pequeño temblor de mis brazos auguraba una nueva emoción, como aquella que me invadió cuando decidimos recorrer juntos el país para "generar destrozos" que no pasaron, lamentablemente, de ser detenidos por la policía un par de veces por "alterar el orden público", lo que en realidad se traducía en beber alcohol en la Plaza de Armas. Ahora que lo recuerdo, nunca supimos si Lucy, la chica con la que te acostaste en aquel pueblito pobre donde nos indigestamos, quedó embarazada a partir de tu gran imprudencia. Tampoco supimos si es que alguna vez encontraron el cadáver de aquel hombre al que buscaban desesperadamente en otro pueblo de las alturas. Sí, aquel hombre que podríamos jurar vino hacia nosotros un día pidiendo que le regalemos la hierba que según él teníamos en las mochilas. Y así, recuerdo tras recuerdo, seguí planificando mi tardía travesura.
La emoción de saber en qué andabas después de todos estos años, sin que te dieras cuenta, fue demasiado para mi ya débil corazón. Unas palpitaciones me avisaron que no debía tomarme esto demasiado en serio. Pero algo regresó en mí: ese sentimiento de "nadie me espera". Porque sabes muy bien que nadie me espera en casa desde que Rosa y los niños murieran en aquel maldito accidente de avión que hasta ahora me provoca grandes llantos durante la noche. Ni los perros aguantaron la pena porque se escaparon a los dos meses. Ahora, nadie sabía que estaba a punto de encontrar la causa de una sonrisa que en realidad podría llevarme al mismo infierno en cuestión de segundos. Sin embargo, decidí tomar el riesgo. Oh, bueno, tal vez con una pequeña concesión: te lo haría saber en algún momento. Porque no sabes cuánto desearía repetir esas sesiones de conversación maligna rodeada de bebidas espirituosas y sustancias químicas prohibidas.
De esta manera, decidí ir tras tus pasos. Vi que tu ruta era bastante fácil de recordar: tres cuadras de frente, tres cuadras hacia la derecha. Abriste la puerta de un edificio, saludaste de manera cordial al portero y te alejaste en el oscuro pasillo. Aún recuerdo tu figura desapareciendo en la penumbra, como si estuvieras yendo a otro mundo, a una dimensión que desafortunadamente no conozco. Esperé varios minutos hasta que todo estuviera muy silencioso para dirigirme al portero.
El señor tendría unos sesenta años, tenía un aspecto sereno en el rostro, como si no tuviera mayores preocupaciones. Estaba sentado sobre una silla de escritorio, con los pies cruzados y las manos sobre los muslos, haciendo un ligero frotamiento perfectamente explicable por la estación del año. Su chompa de color verde había en definitiva conocido mejores épocas; su pantalón gris y sus zapatos negros completaban esa apariencia de señor respetable que, como bien comprendería en ese instante, iba perfectamente a la par con su comportamiento. Cuando me dirigí a él, no tuvo reparos en darme la información que necesitaba. Me dijo que vivías con tu esposa Sara (nunca la conocí así que fue toda una novedad) pero que no tenían hijos y que ella estaba en una silla de ruedas. El señor, amable y muy chismoso él, me confió que algunas veces los había oido discutir sobre errores del pasado... ¡qué terrible error! En suma, pude enterarme de todo sobre este invierno de tu vida que lamentablemente ya no compartiste conmigo ni con los amigos de la panda. Todos se fueron muriendo sin saber de ti. En mi mente existía la determinación de cerrar este círculo encontrándote y confiándote mi gran soledad y mi gran deseo de tomarme un par de tragos con mi compinche.
Una vez obtenida la información necesaria, regresé a casa. Te haría una visita sorpresa. Me preparé adecuadamente: busqué en mis cajas algunos papeles, fotos, recortes periodísticos y aquellos discos de vinilo que sobrevivieron a tantas malas épocas. Mientras repasaba todos los contenidos de mi vida que iba a mostrarte, que iba a compartir contigo para que nuestra amistad se actualizara, mi mente empezó a divagar; los recuerdos llegaron a lo más hondo de mi corazón; el pesar me invadió cual miasma que me enfermó y me envejeció tanto... Las piernas temblaban, mis ojos se empañaban sin querer, una sensación de vacío en mi interior se hacía cada vez menos controlable. Probablemente en esa caja estaba la esencia de mi edad, de mi sentimiento de culpa y tal vez todo esto no era más que un deseo de redimirme y perdonarme por todo aquello que vi como un mundo paralelo sin saber que era más que un background, sino que también se trataba de mí mismo. Los lugares que no visité, las personas a las que no frecuenté, esos amores furtivos que no recibieron mayores palabras de mi parte... incluso las comidas que nunca probé pero que mis entrañas ya libres de cáncer no podrían recibir.
Súbitamente concluí que esto tal vez sí valdría la pena.
viernes, 12 de julio de 2013
To me you are a work of art (2006)
La guerra terminó, es hora de irme a casa. Las calles de aquel lugar muy al este me despiden con neblina: no aquella que me motiva a caminar y meditar, sino la que me impele a dirigirme a algún lugar cerrado y no salir de allí durante días.
Siento los efectos del alcohol en este momento, tanto en mi garganta como en mis manos y en mi cerebro. Estoy siendo testigo de mi pérdida de inhibición y de mi disociación con la realidad. Te veo en toda tu imperfección y quiero acercar mis manos a tu cuerpo, tan solo por un segundo. Necesito decírtelo mas no estás ahí. Nunca lo estuviste.
O tal vez sí estés. ¿Puedes oírme? ¿Puedes leerme?
El ruido de la calle y el silencio de mi habitación, ahora ya conjugados en una pintura de dos planos de la realidad, me responden que sí y que no. Pues sé que me estás leyendo pero que no me escuchas, o viceversa. De cualquier forma, siento que ya es muy tarde.
Me fui.
Admitir mi culpa no es algo característico en mí. Sin embargo, en este caso debo hacer una excepción. Tuve la culpa de contemplarte, admirarte, analizarte, visualizarte, fantasearte. Lo hice, lo hice y lo hice hasta el hartazgo, como quien busca una explicación o solución a un problema matemático o a un tema existencial. Mi mente te tuvo como protagonista de una novela que nunca se plasmó en lo real. Me pegué a lo pragmático de la manera equivocada; intenté que esa imagen tan real que había creado pudiera vencer a la realidad, pero no lo logré.
Ahora, mi única solución consiste en pegarme a esa realidad. Pero, ¿qué haré con lo que mi mente creó?
Siento los efectos del alcohol en este momento, tanto en mi garganta como en mis manos y en mi cerebro. Estoy siendo testigo de mi pérdida de inhibición y de mi disociación con la realidad. Te veo en toda tu imperfección y quiero acercar mis manos a tu cuerpo, tan solo por un segundo. Necesito decírtelo mas no estás ahí. Nunca lo estuviste.
O tal vez sí estés. ¿Puedes oírme? ¿Puedes leerme?
El ruido de la calle y el silencio de mi habitación, ahora ya conjugados en una pintura de dos planos de la realidad, me responden que sí y que no. Pues sé que me estás leyendo pero que no me escuchas, o viceversa. De cualquier forma, siento que ya es muy tarde.
Me fui.
Admitir mi culpa no es algo característico en mí. Sin embargo, en este caso debo hacer una excepción. Tuve la culpa de contemplarte, admirarte, analizarte, visualizarte, fantasearte. Lo hice, lo hice y lo hice hasta el hartazgo, como quien busca una explicación o solución a un problema matemático o a un tema existencial. Mi mente te tuvo como protagonista de una novela que nunca se plasmó en lo real. Me pegué a lo pragmático de la manera equivocada; intenté que esa imagen tan real que había creado pudiera vencer a la realidad, pero no lo logré.
Ahora, mi única solución consiste en pegarme a esa realidad. Pero, ¿qué haré con lo que mi mente creó?
martes, 12 de marzo de 2013
Untitled 2
So long I
sought the buried treasure,
so much for
the search.
Why look
for something which was only in my imagination?
Why bother?
Bird and
cage fought before my eyes,
broken and
twisted bars.
Metal bars
and an idea
lingering in my brain cells
Or should I
say further south?
Or higher?
Or never?
An
opportunity, once missed, has never existed.
yet this
treasure
Seemed more
important than my own life.
Too large to miss,
too small to redeem.
Too large to miss,
too small to redeem.
Treasure found carved in stone
and in
those images of old
which seem
to prove a void theory
explaining this
wasted youth,
this struggling depiction of life,
this rotten
body,
this languishing
mind,
this dark
desire,
this obsession.
domingo, 10 de marzo de 2013
Untitled 1
Sinking because
you’re feeling rebellious,
swimming because
you are told to.
Visage
alienated from outside world
as if the
outside world cared.
Relentless
and cruel
is the
cloud above your head
reminding you of your misery.
Blue hair
against a
backdrop of insincerity
and cheating
and a crime
yet to happen.
Stars.
They say
you are not mine
and I
should be walking out as I speak your name
twenty thousand
times.
Sounds.
They bring
out the worst in you
And you entrust
them with steering you away
from this
inevitable feeling,
from this
stark reality.
viernes, 1 de febrero de 2013
Reseña de "Heaven", de Depeche Mode
No es algo común en mí dedicarme a elaborar reseñas de sencillos o canciones de nadie; sin embargo, por alguna razón muy extraña y no necesariamente positiva, he decidido preparar una en la que vuelque todo lo que esta nueva entrega me hace pensar.
Para lograr comprender lo que pienso acerca de Heaven, es preciso tener cierto sentido de perspectiva histórica. Yo no era fanático de Depeche Mode durante su buena época (entiéndase: mientras Alan Wilder era parte del grupo), sino que fui convertido a la devoción gracias al primer sencillo de un disco que en la actualidad es vilipendiado hasta el hartazgo, que recibe acusaciones que considero injustas y totalmente exageradas. Le llaman un disco aburrido, sin música, totalmente olvidable. Sí, el Exciter. Para ser más específico, Dream on fue la canción que me hizo detenerme a pensar en que tal vez la música que imaginaba en mi cabeza de adolescente alienado y curioso sí existía, y estaba realizada en la forma de esa pequeña joya electrónica y acústica del famoso Can you feel a little love? Jamás olvidaré la curiosidad mórbida que dicho tema generó en mí: esperaba el momento en que MTV la volviera a pasar, solo para disfrutarla, para ser envuelto y perderme dentro del paisaje sónico tan moderno y a la vez tan único que la canción ofrecía. Podría acusárseme de entusiasmo adolescente, pero esa sensación sigue invadiéndome cada vez que la escucho.
Lo que ocurrió posteriormente fue, evidentemente, mi progresiva familiarización con todo lo que ofrecía Depeche Mode y que podía escuchar, considerando las limitaciones tecnológicas del año 2001 y la imposibilidad de disponer de mucho dinero para comprar discos, ni siquiera los piratas. El interés lo perdí un poco después del lanzamiento como sencillo de la insulsa y peyorativa remezcla de Enjoy the silence de ese sujeto llamado Mike Shinoda. No obstante, poco tiempo después escuché en Radio Doble Nueve "lo nuevo de Depeche Mode". Era una canción que ni bien empezó me cautivó, me envolvió, me aprisionó y me enamoró repetidas veces durante poco más de cuatro minutos. Era Precious. Jamás pensé que alguna vez sintiera semejante emoción por una canción nueva de Depeche Mode; era increíble, no pude contener las lágrimas de emoción y de júbilo por tener algo nuevo que esperar. Si bien Playing the Angel no fue el álbum que esperaba, por lo menos la emoción y la piel de gallina que venían con cada canción eran prueba fehaciente de que mi devoción seguía en aumento.
Pasaron los años, y luego de mucho tiempo se anunció que saldría un nuevo disco... con el mismo productor, Ben Hillier. Consideré que si él había logrado que Depeche Mode asimilara su propia identidad musical, el resultado sería bastante convincente. Se hablaba de un nuevo single, la tecnología nos traía actualizaciones de manera regular: la expectativa estaba ya generada y todo hacía presagiar que la cosa era seria y que tendríamos material para deleitarnos. Y llegó el estreno de Wrong en una premiación alemana. Vaya experiencia: la canción era corta pero efectiva, con muchos blips y ruiditos que me parecieron increíblemente buenos, con una atmósfera de breve creación pero extremadamente oscura. En suma, todo parecía bien. La piel de gallina fue inmediata, pero no quiso irse sino hasta la repetición número 28 de la canción que hice en mi reproductor de MP3. Lo que ocurrió luego, para resumir, fue esto: una emoción que poco a poco se volvió desilusión.
Ahora que tanto tiempo ha pasado, supuse que después de tanta preparación y pese a una deplorable promoción de lo nuevo de Depeche Mode (fechas de salida internacional totalmente esparcidas, falta de claridad sobre los formatos de lanzamiento), tal vez tendríamos algo que disfrutar. Quería creer que mi piel volvería a sentir aquel impulso a sobrecogerse, a enervarse y a decirme que mi dosis de suspenso estaría lista en poco tiempo. Y llegó Heaven. Filtrada y esparcida por la red en cuestión de minutos, no pude ser ajeno ante semejante acontecimiento. Pese a este aparente entusiasmo, debo admitir que también estaba preparado para lo peor: para una canción sosa, sin melodías, con ruidos sin sentido y con el toque Hillier que, al contrario del toque Wilder, arruina las canciones por simplemente carecer de cualquier elemento que se pueda considerar "identidad". El entusiasmo y el pesimismo, por ende, se mezclaban en mí momentos antes de escuchar el primer corte. Los pequeños avances no auguraban nada bueno. Era una frustración anticipada, que en realidad escondía un optimismo propio del fanático.
Empieza la canción con una batería totalmente genérica, marca de agua de Hillier como productor, que se repetirá en toda la canción. El piano que da la melodía a la canción es interesante, pero inexplicablemente no cala en mi ser. Unas letras que suenan muy cargadas de emociones, al estilo puro de Martin L. Gore. Por su parte, Dave Gahan hace bien su trabajo dotándolas de ese sufrimiento único que destila su voz cuando canta temas desgarradores; no obstante, el estilo general de la canción suena demasiado a su trabajo con Soulsavers, que en mi honesta y personal opinión, no da la talla. Lamentablemente, el efecto electrónico abstracto que aparece en 01:37 arruina el heaven que corona la canción. Es realmente espantoso, le quita profundidad al estribillo (pues no existe un coro propiamente dicho: funcionó con Wrong pero aquí no añade mucho) y lo hace ahogarse en un mar de sobreproducción que, como es evidente, también destruye el final "épico" de la canción al incrementar sobremanera su volumen. Me parece que Flood debería haberse dado cuenta de que ese ruido está fuera de lugar, que mata a la canción en sus elementos críticos. Por otro lado, la armonía de Martin es bastante buena y hace justicia a la atmósfera deprimente de la canción (ojo: que sea deprimente no quiere decir que sea mala); es bueno saber que en las últimas entregas del grupo, Martin ha sabido juntar su voz a la de Dave para que el elemento vocal no pierda fuerza, más aun cuando se trata de ejecutar en directo.
En suma, Heaven es una canción con una estructura sencilla y bastante bien ejecutada. Tiene un lugar dentro de la discografía "adulta" de Depeche Mode; sin embargo, considero personalmente que es un suicidio comercial al ser lanzada como sencillo y, peor aun, como sencillo anticipatorio del disco. Es cierto, es mucho mejor que el promedio de canciones del Sounds of the Universe y mucho mejor que algunas de Exciter o Playing the Angel, pero no llega ni a los talones de otros primeros sencillos como Precious o Dream on. No cala, no me pone la piel de gallina ni me hace repetirla 25 veces para saber si lo que escucho es cierto. Su beat es demasiado débil, no tiene la fuerza que necesita para poner a Depeche Mode nuevamente en el mapa de la música electrónica actual. Lo triste es que el lado B, All that's mine, es bastante "Depeche" y en general pasable, lo cual mantiene la feliz tradición de buenos lados B de la banda. El lado A necesitaba ser remezclado de manera dramática para lanzarse una famosa Single Version que llame mucho la atención; curiosamente, la remezcla de Owlle tiene varios de los ingredientes que hubieran sido necesarios para dicha versión de sencillo. Si el producto que conocemos llega a la lista del Top 20 británico, me sorprendería demasiado porque dista muchísimo de lo que se espera de un sencillo. Todo esto no hace sino generar una gran preocupación en mí: ¿cómo será el disco completo? ¿Será tan bueno como Dave y Martin nos están tratando de hacer creer? Lo único cierto aquí es que la carta de presentación no ha superado la prueba de un fan que conoció los años de declive y no quiere que la tendencia siga siendo negativa.
En dos oraciones: Heaven me agrada únicamente porque es de Depeche Mode. Si fuera de un grupo desconocido, la ignoraría por completo.
Para lograr comprender lo que pienso acerca de Heaven, es preciso tener cierto sentido de perspectiva histórica. Yo no era fanático de Depeche Mode durante su buena época (entiéndase: mientras Alan Wilder era parte del grupo), sino que fui convertido a la devoción gracias al primer sencillo de un disco que en la actualidad es vilipendiado hasta el hartazgo, que recibe acusaciones que considero injustas y totalmente exageradas. Le llaman un disco aburrido, sin música, totalmente olvidable. Sí, el Exciter. Para ser más específico, Dream on fue la canción que me hizo detenerme a pensar en que tal vez la música que imaginaba en mi cabeza de adolescente alienado y curioso sí existía, y estaba realizada en la forma de esa pequeña joya electrónica y acústica del famoso Can you feel a little love? Jamás olvidaré la curiosidad mórbida que dicho tema generó en mí: esperaba el momento en que MTV la volviera a pasar, solo para disfrutarla, para ser envuelto y perderme dentro del paisaje sónico tan moderno y a la vez tan único que la canción ofrecía. Podría acusárseme de entusiasmo adolescente, pero esa sensación sigue invadiéndome cada vez que la escucho.
Lo que ocurrió posteriormente fue, evidentemente, mi progresiva familiarización con todo lo que ofrecía Depeche Mode y que podía escuchar, considerando las limitaciones tecnológicas del año 2001 y la imposibilidad de disponer de mucho dinero para comprar discos, ni siquiera los piratas. El interés lo perdí un poco después del lanzamiento como sencillo de la insulsa y peyorativa remezcla de Enjoy the silence de ese sujeto llamado Mike Shinoda. No obstante, poco tiempo después escuché en Radio Doble Nueve "lo nuevo de Depeche Mode". Era una canción que ni bien empezó me cautivó, me envolvió, me aprisionó y me enamoró repetidas veces durante poco más de cuatro minutos. Era Precious. Jamás pensé que alguna vez sintiera semejante emoción por una canción nueva de Depeche Mode; era increíble, no pude contener las lágrimas de emoción y de júbilo por tener algo nuevo que esperar. Si bien Playing the Angel no fue el álbum que esperaba, por lo menos la emoción y la piel de gallina que venían con cada canción eran prueba fehaciente de que mi devoción seguía en aumento.
Pasaron los años, y luego de mucho tiempo se anunció que saldría un nuevo disco... con el mismo productor, Ben Hillier. Consideré que si él había logrado que Depeche Mode asimilara su propia identidad musical, el resultado sería bastante convincente. Se hablaba de un nuevo single, la tecnología nos traía actualizaciones de manera regular: la expectativa estaba ya generada y todo hacía presagiar que la cosa era seria y que tendríamos material para deleitarnos. Y llegó el estreno de Wrong en una premiación alemana. Vaya experiencia: la canción era corta pero efectiva, con muchos blips y ruiditos que me parecieron increíblemente buenos, con una atmósfera de breve creación pero extremadamente oscura. En suma, todo parecía bien. La piel de gallina fue inmediata, pero no quiso irse sino hasta la repetición número 28 de la canción que hice en mi reproductor de MP3. Lo que ocurrió luego, para resumir, fue esto: una emoción que poco a poco se volvió desilusión.
Ahora que tanto tiempo ha pasado, supuse que después de tanta preparación y pese a una deplorable promoción de lo nuevo de Depeche Mode (fechas de salida internacional totalmente esparcidas, falta de claridad sobre los formatos de lanzamiento), tal vez tendríamos algo que disfrutar. Quería creer que mi piel volvería a sentir aquel impulso a sobrecogerse, a enervarse y a decirme que mi dosis de suspenso estaría lista en poco tiempo. Y llegó Heaven. Filtrada y esparcida por la red en cuestión de minutos, no pude ser ajeno ante semejante acontecimiento. Pese a este aparente entusiasmo, debo admitir que también estaba preparado para lo peor: para una canción sosa, sin melodías, con ruidos sin sentido y con el toque Hillier que, al contrario del toque Wilder, arruina las canciones por simplemente carecer de cualquier elemento que se pueda considerar "identidad". El entusiasmo y el pesimismo, por ende, se mezclaban en mí momentos antes de escuchar el primer corte. Los pequeños avances no auguraban nada bueno. Era una frustración anticipada, que en realidad escondía un optimismo propio del fanático.
Empieza la canción con una batería totalmente genérica, marca de agua de Hillier como productor, que se repetirá en toda la canción. El piano que da la melodía a la canción es interesante, pero inexplicablemente no cala en mi ser. Unas letras que suenan muy cargadas de emociones, al estilo puro de Martin L. Gore. Por su parte, Dave Gahan hace bien su trabajo dotándolas de ese sufrimiento único que destila su voz cuando canta temas desgarradores; no obstante, el estilo general de la canción suena demasiado a su trabajo con Soulsavers, que en mi honesta y personal opinión, no da la talla. Lamentablemente, el efecto electrónico abstracto que aparece en 01:37 arruina el heaven que corona la canción. Es realmente espantoso, le quita profundidad al estribillo (pues no existe un coro propiamente dicho: funcionó con Wrong pero aquí no añade mucho) y lo hace ahogarse en un mar de sobreproducción que, como es evidente, también destruye el final "épico" de la canción al incrementar sobremanera su volumen. Me parece que Flood debería haberse dado cuenta de que ese ruido está fuera de lugar, que mata a la canción en sus elementos críticos. Por otro lado, la armonía de Martin es bastante buena y hace justicia a la atmósfera deprimente de la canción (ojo: que sea deprimente no quiere decir que sea mala); es bueno saber que en las últimas entregas del grupo, Martin ha sabido juntar su voz a la de Dave para que el elemento vocal no pierda fuerza, más aun cuando se trata de ejecutar en directo.
En suma, Heaven es una canción con una estructura sencilla y bastante bien ejecutada. Tiene un lugar dentro de la discografía "adulta" de Depeche Mode; sin embargo, considero personalmente que es un suicidio comercial al ser lanzada como sencillo y, peor aun, como sencillo anticipatorio del disco. Es cierto, es mucho mejor que el promedio de canciones del Sounds of the Universe y mucho mejor que algunas de Exciter o Playing the Angel, pero no llega ni a los talones de otros primeros sencillos como Precious o Dream on. No cala, no me pone la piel de gallina ni me hace repetirla 25 veces para saber si lo que escucho es cierto. Su beat es demasiado débil, no tiene la fuerza que necesita para poner a Depeche Mode nuevamente en el mapa de la música electrónica actual. Lo triste es que el lado B, All that's mine, es bastante "Depeche" y en general pasable, lo cual mantiene la feliz tradición de buenos lados B de la banda. El lado A necesitaba ser remezclado de manera dramática para lanzarse una famosa Single Version que llame mucho la atención; curiosamente, la remezcla de Owlle tiene varios de los ingredientes que hubieran sido necesarios para dicha versión de sencillo. Si el producto que conocemos llega a la lista del Top 20 británico, me sorprendería demasiado porque dista muchísimo de lo que se espera de un sencillo. Todo esto no hace sino generar una gran preocupación en mí: ¿cómo será el disco completo? ¿Será tan bueno como Dave y Martin nos están tratando de hacer creer? Lo único cierto aquí es que la carta de presentación no ha superado la prueba de un fan que conoció los años de declive y no quiere que la tendencia siga siendo negativa.
En dos oraciones: Heaven me agrada únicamente porque es de Depeche Mode. Si fuera de un grupo desconocido, la ignoraría por completo.
sábado, 5 de enero de 2013
El viaje
Esa noche, Braulio decidió que
finalmente asistiría al largo viaje al que le habían invitado tanto tiempo
atrás. Un viaje a tierras lejanas. Tomó la decisión mientras veía el fútbol el
sábado en la tarde, cuando se dio cuenta de que la única manera de hacerse
escuchar era asistiendo a esa cita incierta. Y dado que estaba decidido que
iría, tenía que realizar los preparativos pertinentes.
Había que organizarlo todo de
manera prolija y siempre tratando de prever cualquier contratiempo o sorpresa
que arruinara este viaje. Sí, pues la última vez que había tratado de hacer un viaje
similar ocurrió lo de la visita de la suegra. La señora, con sus arrugas
chistosas, su voz chillona y su presencia imponente llegó justo en el momento
en que Braulio estaba contemplando su “boleto”.
-¿Qué pretendes hacer? ¿Te vas y
no nos llevas?
-Nada señora, ¡qué cosas cree
usted! Yo no me voy a ninguna parte.
Dicho y hecho, Braulio no se fue
y tuvo que permanecer dos semanas atendiendo a doña Susana, al cabo de las
cuales sus planes ya estaban frustrados debido a compromisos laborales que
debía cumplir por el bien de todos.
El desdichado tomó una hoja de
papel y escribió una lista de varios elementos que no debía dejar desatendidos
antes de su viaje. Le costó un poco recordar todos esos elementos, y la mano le
temblaba un poco al escribir algunos, sobre todo aquellos relacionados con sus
hijos o su esposa. Pero ya no había marcha atrás, él tenía que emprender el
viaje cuanto antes o si no perdería esa gran oportunidad. Ellos comprenderían
perfectamente una vez que supieran las razones verdaderas, que por cierto ni él
mismo tenía claro.
Una vez que la lista quedó
finalizada, Braulio dobló la hoja cuidadosamente en dos partes iguales y la
puso dentro de un libro. Tomó el libro y lo colocó en el cajón de su armario.
Al cerrar el cajón, sintió un nudo en la garganta y una intranquilidad que tal
vez nunca había sentido. ¿Estaría completa la lista? ¿Y si faltaba algo? ¿Y si
existía algún obstáculo que él no había previsto? La preocupación por que todo
estuviera perfectamente planificado lo volvió a atacar, como si no fuera ya
suficiente con haber sido dominado durante toda su vida por la necesidad de
planificar todo al detalle más absurdo.
De pronto llegaron a su mente los
recuerdos de la universidad, de sus horarios estrictos para estudiar y para
realizar sus monografías, de su meticulosa organización del tiempo en la
oficina (la cual le ganó muchos admiradores entre sus colegas). También recordó
los consejos de su médico cuando se sintió mal por primera vez. Esos consejos
que llegaban en un tono de voz aleccionador y, hasta cierto punto, socarrón:
-Usted tiene que aprender a
soltarse un poco. Planificar tanto va a resultarle decepcionante y aburrido en
algún momento, y si no se controla puede terminar muy mal.
La última oración resonó en su
mente durante varios minutos y provocó un malestar de los típicos que sufría
Braulio, y que callaba para evitar preocupaciones. Ciertamente el médico tenía
razón. ¿Por qué no le hice caso? ¿Por qué seguí con mi manía por tenerlo todo
controlado? ¿Por qué renegué tanto cuando Marcela se embarazó por tercera vez?
¿Acaso mi cólera le hizo abortar?
La única respuesta que recibió
Braulio vino del reloj cucú que marcaba las nueve de la noche.
Desafortunadamente, no era la respuesta que él esperaba. Tomó su rostro con las
manos y lloró desconsoladamente, si bien con mucha libertad dado que Marcela
estaba lejos con los dos niños y no podría escucharlo para intentar consolarlo,
lo que venía haciendo desde hacía dos años, cuando todo desencadenó en esa
sensación de asfixia en el aire libre que no lo dejaba sereno y que consumía
sus deseos de hacer cualquier cosa, excepto planificar y controlar.
No había tiempo que perder.
Primero que nada, había que pensar en una fecha propicia para realizar el viaje
y la manera más rápida de llegar a su destino final, que ciertamente quedaba
lejos. Tal vez la mejor opción sería… no, demora; o tal vez… no, demasiado caro
para ser una sola vez; o quizás… podría considerarlo, no sonaba mal y tal vez
ahorraría tiempo. Sí, en definitiva la opción apropiada era el tren de la
medianoche. No habría muchas personas en la estación, salvo aquel hombre que gustaba de proferir injurios contra todo transeúnte justo a la salida, y la anciana que vendía boletos de lotería.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)