Esa palabra desmitifica todo mi ser. Soy el deseo encarnado, soy esa sensación de necesidad que se apodera del cuerpo y la mente cuando hay un objeto, un ser o un ente abstracto que no tenemos.
Anhelo poseer todo y no lo poseo. Contemplo y disfruto de la idea de que mi objetivo no es mío, aunque sé que mientras lo retenga en mi mente así lo será.
Poco a poco, gracias a mi capacidad para introducirme en todo objeto del mundo, logro controlar las voluntades.
Soy paciente, la contemplación puede durar siglos, pero mi oportunidad no la desaprovecho.
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