Hoy contemplé los artículos que con mucho cariño e ilusión he almacenado desde hace varios años, pero en particular desde noviembre de 2009. En cada uno de ellos recuerdo cierta historia: del súper precio que encontré, de la subasta que gané en los últimos segundos; aunque también de los chascos por no ser exactamente lo que esperé, o de las esperas interminables del correo. Escuchar el timbre a la 1 de la tarde tomó un significado de esperanza, cual muchacha que espera recibir carta del soldado en la guerra.
Lo cierto es que ahora, si bien el entusiasmo es grande, el hecho de no poseer más espacio para artículos preciosos me desanima un poco. El hecho de que muchas cosas lleguen ligeramente dañadas, también.
Espero coleccionar lo suficiente este año para dar punto final a un interés que me ha valido momentos muy gratos.
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