sábado, 5 de marzo de 2011

Porque nadie lee este blog, parte 5

El mundo era indiferente a Alberto y Alejandra hasta que el primero logró forzar a la naturaleza. Su plan fue perfecto, y logró convencer al destino de que su designio debía ser también el de la historia. Lamentablemente, Alberto no sabía algo: cuando uno fuerza el destino, también queda en deuda con él, y esa deuda siempre se pagará algún día.

Realicemos ahora un avance rápido: las reuniones entre ambos insignificantes animalejos se repitieron durante varias semanas. Intercambiaron números de celular, y enviaban cantidades increíbles de mensajes y llamaban a cada momento. Cualquiera que los hubiera visto en ese entonces hubiera pensado que su mundo se reducía a hablarle al otro y contarle hasta cuántas moscas había logrado ver encima de su plato de comida antes de introducirlo en su cavidad bucal.

En efecto, esa relación tomó matices obsesivos, y Alberto continuaba fantaseando con un encuentro más bien carnal y ciertamente la idea fue tornándose tan perfecta que era momento de realizarla. El plan no tenía mayores complicaciones: él sabía que Alejandra ya se había puesto al día con la historia, y seguía las inconscientes instrucciones de su amado sin mayor esfuerzo. La anglofilia le daba muchas ideas para conquistar a su imperfecta, y ejercitaba su pronunciación y su ronquera para sonar igual a Chris Martin.

Una noche de setiembre, que fue inusualmente fría, ambos personajes se encontraban en un café de moda cuando en medio de la conversación, se quedaron mirando un buen rato. Alberto supo que el momento era propicio, así que acercó su rostro al de Alejandra. Ella también lo acercó y los labios se pegaron. La química y la física estallaron cuando los labios se tocaron.

-¡AAAUU! ¡¿QUÉ TE PASA?!

Alejandra le había mordido el labio con una intensidad tan grande que Alberto empezó a sangrar. No obstante, en vez de sentirse insultado por semejante atrevimiento, algo dentro de él le decía que no debía parar, que eso le gustaba. La idea fue tan insidiosa que él terminó por aceptarla, sin saber que esa idea provenía de un espíritu del destino que deseaba arreglar cuentas muy rápidamente.

-A que no lo haces de nuevo.

Esta vez la imperfecta Alejandra pensó muy bien en las oportunidades que tenía. Decidió sorprenderlo, y le mordió el brazo.

-A que no puedes morderme todo el cuerpo.

-Te dejo si tú me dejas morder el tuyo- le respondió Alejandro. Él mismo se sorprendió de su osadía.

Alejandra lo tomó del brazo, y partieron con rumbo indefinido. Llegaron finalmente a su casa, que se encontraba inusualmente vacía. Allí, ella encontró su música de Coldplay y la puso.

Ambos seres sabían que esa era su hora crucial. Se quitaron las vestimentas y dejaron que la naturaleza siguiera su curso. Las mordidas y lamidas estuvieron por doquier, y todas sus perversiones guardadas durante tanto tiempo salieron a la luz. Durante su encuentro sexual, muchos de los fetiches conocidos por los expertos quedaron notoriamente superados por las imaginativas y desviadas prácticas de nuestros personajes.

Una vez que los fluídos salieron a la superficie, Alejandra decidió que era suficiente. Empezó a morder a Alberto, más y más fuerte. Él gemía de dolor y de placer, ella no decía nada. De pronto, una mordida logró arrancar un pedazo del muslo.

-Qué haces... por favor detente, por favor, te lo juro, estás loca...

Alejandra lo ignoró. Ahora sabía que era la emisaria de una fuerza más grande que ella, así que cogió el instrumento que había preparado con anticipación, y lo clavó en el brazo del patético Alberto. Una vez paralizado, lo desmembró a su gusto. Ni bien hubo terminado, cogió otro preparado y lo inyectó en su brazo izquierdo.

A medida que el veneno iba penetrando en sus capilares, Alejandra sonrió. Su destino estaba cumplido.

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